1. Definir qué se está comparando
Antes de mirar porcentajes conviene preguntar si los activos pertenecen a categorías comparables. Una red base, una stablecoin y un token de gobernanza tienen estructuras económicas distintas. La comparación debe reconocer esa diferencia.
2. Tamaño y oferta
Capitalización, oferta circulante, oferta máxima y FDV ayudan a contextualizar el precio. El objetivo no es producir una puntuación única, sino entender qué parte de la valoración depende de unidades ya circulantes y qué parte podría cambiar con futuras emisiones.
3. Actividad y liquidez
Volumen de 24 horas y relación volumen/capitalización permiten comparar actividad relativa. Para decisiones que dependan de ejecución real, también sería necesario estudiar profundidad y mercados específicos, información que una cifra agregada no sustituye.
4. Comportamiento y recorrido
Rendimientos de 24 horas, 7 días y 30 días muestran ventanas distintas. Distancia al máximo histórico y drawdown añaden perspectiva sobre recorrido. Ninguna ventana debe presentarse como pronóstico.
5. Cerrar con diferencias, no con un ganador
Una comparación informativa termina describiendo fortalezas, limitaciones y diferencias observables. Elegir un 'ganador' mezclaría objetivos personales, horizonte y tolerancia al riesgo que una herramienta pública no conoce.
- Compara función antes que precio.
- Separa tamaño de rendimiento.
- Normaliza actividad por capitalización.
- Usa varias ventanas temporales.
- Documenta qué datos faltan.